Jane Eyre
Jane Eyre Me hallaba entregada a dichas cavilaciones cuando un incidente inesperado interrumpió el curso de mis pensamientos. El señor Mason, que tiritaba siempre que alguien abrÃa la puerta, pidió más carbón para avivar las llamas, pese a que las brasas encendidas aún proporcionaban bastante calor. El criado que trajo el carbón se paró al salir junto a la silla del señor Eshton y le explicó algo en voz baja. Solo oà las palabras «anciana» y «muy insistente».
—¡Dile que acabará encerrada en un calabozo si no se marcha! —respondió el magistrado.
—¡No! —interrumpió el coronel Dent—. No la despida tan rápidamente, Eshton. Podemos aprovechar su presencia. Será mejor que lo consultemos con las damas.
Y, dirigiéndose a ellas, dijo en un tono de voz más alto:
—Señoras, hemos estado planeando una excursión al condado de Hay para visitar el campamento gitano. Bien, pues Sam, aquà presente, ha venido a decirnos que una de las comadres está en este momento en el cuarto de los criados e insiste en que se le conceda el honor de decir la buena fortuna a un grupo tan selecto. ¿Les apetece verla?
—Estoy segura, coronel —protestó lady Ingram—, de que no está en su ánimo fomentar ese tipo de engaños. ¡Échela inmediatamente de la casa!