Jane Eyre
Jane Eyre —Pero es que no hay modo humano de echarla, señora —intervino el criado—. Nadie ha logrado convencerla; ahora está con ella la señora Fairfax, tratando de hacer que se vaya, pero la vieja se ha sentado en una silla junto a la chimenea y afirma que nada la sacará de aquà hasta que se la autorice a cumplir con sus propósitos.
—¿Y qué es lo que quiere? —preguntó la señora Eshton.
—Desea dar la buenaventura a los nobles, señora, y jura y perjura que no se irá hasta que lo consiga.
—¿Qué aspecto tiene? —preguntaron las señoritas Eshton al unÃsono.
—¡Es una vieja increÃblemente horrorosa, señorita! Negra como un cuervo…
—¡Vaya! Entonces es una bruja de verdad —exclamó Frederick Lynn—. ¡Que entre!
—Claro que sà —confirmó su hermano—. SerÃa una lástima desperdiciar una oportunidad como esta de divertirnos.
—¡Queridos chicos! ¿Se puede saber en qué estáis pensando? —gritó lady Lynn.
—No tengo la menor intención de permitir este tipo de comportamientos —sentenció la viuda Ingram.