Jane Eyre
Jane Eyre —Me pregunto con qué sentimientos ha entrado aquà esta noche —dijo, después de observarme durante un rato—. Me pregunto qué pensamientos ocupan su corazón durante todas las horas en las que yace sentada en la habitación de al lado, con todas esas personas finas mariposeando a su alrededor como imágenes salidas de una linterna mágica. Veo una corriente de antipatÃa mutua, como si para usted fueran meras sombras con forma humana, absolutamente faltos de la sustancia que les da vida.
—Pues a menudo me siento cansada y a veces soñolienta, pero casi nunca triste.
—Entonces, ¿alberga alguna esperanza secreta que logra animarla y le susurra un futuro más feliz?
—No. Mi mayor esperanza consiste en ahorrar el suficiente dinero como para alquilar una casa y abrir algún dÃa una escuela propia.
—¡MÃsero alimento para alimentar a su espÃritu durante tantas tardes de confinamiento junto a la ventana! Como verá, sus hábitos no me son desconocidos.
—Los criados deben de haberla puesto al corriente de ellos.
—¡Ah! Veo que se considera una chica lista. Bien, quizá lo hayan hecho. Para ser sincera, debo reconocer que me une cierta amistad con una de las criadas: la señora Poole.
Me puse en pie al oÃr ese nombre.