Jane Eyre
Jane Eyre Me detuve a reflexionar. Si la pobreza repele a los mayores, aún asusta más a los niños: ellos no piensan en la falta de medios que acompaña a ciertas personas que trabajan honradamente, en esa pobreza digna y respetable, sino que la asocian a ropas raÃdas, escasez de comida, chimeneas sin leña, malas costumbres y vicios inconfesables. Para mÃ, la pobreza era sinónimo de degradación.
—No, no creo que me gustara vivir con gente pobre —respondà al fin.
—¿Aunque estas personas la trataran con cariño?
Negué con la cabeza. Para mÃ, cariño y pobreza eran conceptos incompatibles. AprenderÃa a hablar como ellos, adoptarÃa sus rudas maneras, me convertirÃa en una ignorante y crecerÃa como una de las desgraciadas mujeres que veÃa a veces alimentando a sus hijos o lavando la ropa a las puertas de Gateshead… No. No era lo bastante valiente como para comprar la libertad a ese precio.
—¿Tan pobres son sus parientes? ¿No tienen trabajo?
—No lo sé. Mi tÃa siempre dice que deben de ser mendigos. No quiero verme obligada a pedir limosna.
—¿PreferirÃa ir al colegio?