Jane Eyre
Jane Eyre »¡Bien dicho, frente! Tus declaraciones merecen respeto. Afirma: “Yo tengo mis propios planes —me atreverĂa a decir que acertados— y en ellos he atendido las peticiones de la conciencia y los consejos de la razĂłn. SĂ© que la juventud no tardarĂa en desvanecerse, y con ella el brillo que comporta, si en esa copa de felicidad se colara una sola gota de vergĂĽenza, una simple pizca de remordimiento. Y no deseo el sacrificio, ni la pena, ni el desengaño: no son de mi agrado. Deseo ayudar, no hundir a nadie; despertar gratitud en lugar de lágrimas de sangre o de salmuera. La cosecha que deseo recibir debe tomar forma de sonrisas, de ternura… solo eso me sirve”. Caigo en un delirio exquisito. DesearĂa prolongar este momento hasta el infinito, pero no me atrevo. Hasta el momento me he controlado con eficacia. He actuado como jurĂ© que harĂa, pero no creo tener fuerzas para seguir adelante. Levántese, señorita Eyre. DĂ©jeme sola: “Que baje el telĂłn”.