Jane Eyre
Jane Eyre —Pero yo habÃa cerrado la puerta y tenÃa la llave en el bolsillo. HabrÃa sido un pastor descuidado si dejara a un cordero, mi cordero preferido, tan cerca de la guarida del lobo y sin vigilancia. Estaba a salvo.
—¿Grace Poole seguirá viviendo en la casa, señor?
—¡Oh, sÃ! No se preocupe por ella. Bórrela de sus pensamientos.
—Creo que la vida de usted corre peligro mientras ella esté aquÃ.
—No tenga miedo. Sé cuidarme.
—¿El peligro que intuÃa ayer noche ya se ha ido, señor?
—No puedo asegurarlo hasta que Mason esté fuera de Inglaterra. Y ni aún asÃ. Para mÃ, Jane, vivir es mantener el equilibrio sobre un cráter que en cualquier momento puede entrar en erupción y escupir fuego.
—Pero el señor Mason parece un hombre fácil de manejar. Usted, señor, ejerce una fuerte influencia sobre él: nunca se atreverÃa a desafiarle o a injuriarle voluntariamente.
—¡Oh, no! Mason jamás me retarÃa, ni me harÃa daño de forma deliberada, pero, sin quererlo, con una sola palabra, en un momento, podrÃa privarme para siempre, sino de la vida, sà de la felicidad.
—DÃgale que sea cauto, señor. Hágale partÃcipe de sus temores y muéstrele cómo evitar el peligro.