Jane Eyre
Jane Eyre —Tampoco a ti, prima Eliza —respondà entonces—, pero toda la que tengas estará dentro de un año encerrada en los muros de un convento francés. De todos modos, no es asunto mÃo; si a ti te parece bien, allá tú.
—Tienes razón —me dijo.
Y con estas palabras emprendimos dos caminos distintos. Puesto que no tendré ocasión de referirme a ella o a su hermana en las páginas restantes, aprovecho para decir que Georgiana contrajo un ventajoso matrimonio con un caballero rico y viejo, mientras que Eliza tomó los hábitos y llegó a ser la superiora del convento donde hizo el noviciado y al que legó su fortuna.
Nunca antes habÃa experimentado la sensación que embarga a alguien cuando regresa a casa después de un periodo de ausencia, sea largo o corto. De niña, habÃa conocido lo que era volver a Gateshead después de un prolongado paseo para tener que enfrentarme a una reprimenda por mi aspecto malhumorado y taciturno, y más tarde supe lo que era volver a Lowood desde la iglesia ansiando en vano recibir una buena comida y algo de calor. No puedo calificar como agradables ninguno de estos retornos: el destino al que me dirigÃa no ejercÃa sobre mà el menor magnetismo. Por lo tanto desconocÃa aquel nerviosismo que te invade al llegar al último tramo de un viaje. Claro que aún no habÃa regresado nunca a Thornfield.