Jane Eyre
Jane Eyre —¡Me disgusta oÃr esto! Ella y yo debemos mantener una pequeña charla —Y, mientras pronunciaba estas palabras, se dejó caer en el sillón situado frente al de mi tÃa e inclinó su cuerpo en dirección a m×. Acércate, niña.
Crucé la alfombra y me coloqué frente a él. Ahora que podÃa verle bien, observé con atención su rostro. ¡Qué nariz tenÃa! ¡Qué boca tan grande y qué dientes tan prominentes!
—No hay visión más triste que la de un niño malo, —comenzó— especialmente si se trata de una niña pequeña. ¿Sabes adónde van los malvados después de morir?
—Van al infierno —respondÃ, deprisa y sin pensarlo dos veces.
—¿Y qué es el infierno? ¿Puedes explicármelo?
—Un abismo lleno de fuego.
—¿Y te gustarÃa caer en ese abismo y arder en él por toda la eternidad?
—No, señor.
—¿Qué debes hacer para evitarlo?
Reflexioné durante un momento y al final me decidà a dar una respuesta poco convencional.
—Procurar estar bien de salud y no morirme.