Jane Eyre
Jane Eyre —¿Cómo puedes mantenerte en buena salud? Todos los dÃas mueren niños más pequeños que tú. Hace solo un par de dÃas enterré a un niño de cinco años, un niño bueno cuya alma está hoy en el cielo. Me temo que ese no serÃa tu caso en las mismas circunstancias.
Incapaz de resolver sus dudas, me limité a fijar los ojos en sus grandes pies situados sobre la alfombra y a exhalar un suspiro, deseando hallarme muy lejos de allÃ.
—Espero que ese suspiro proceda del corazón, y sea una muestra del arrepentimiento que sientes por haber disgustado a tu excelente bienhechora.
«¡Bienhechora! ¡Bienhechora! —me dije para mis adentros—, todos la llaman mi bienhechora. Si eso es verdad, ser bienhechora debe de ser algo muy desagradable.»
—¿Rezas tus oraciones por la mañana y por la noche? —continuó mi interlocutor.
—SÃ, señor.
—¿Lees la Biblia?
—A veces.
—¿Te gusta? ¿Te divierte hacerlo?
—Me gustan las Revelaciones y también el Libro de Daniel, el Génesis, el Libro de Samuel, parte del Éxodo, y algunos fragmentos de los Reyes y las Crónicas, asà como la historia de Job y la de Jonás.
—¿Y los salmos? Supongo que te gustarán…