Jane Eyre
Jane Eyre —Bien, está claro que no sé cómo pueden entenderse unos a otros, pero supongo que vosotras los entenderÃais si fuerais allÃ, ¿no es asÃ?
—Es probable que pudiéramos comprender parte de lo que dijeran, pero no todo. No somos tan listas como tú nos consideras, Hannah. No hablamos alemán y solo podemos leerlo con la ayuda de un diccionario.
—¿Y qué bien os hace eso?
—Nos gustarÃa dar clases de ese idioma algún dÃa, al menos a nivel elemental, y ganar asà más dinero.
—Me parece muy bien. Pero ya basta por hoy. Ya habéis estudiado bastante esta noche.
—Creo que tienes razón. Al menos yo estoy cansada. ¿Y tú, Mary?
—Muerta: Después de todo, resulta duro aprender una lengua con el diccionario como único maestro.
—Asà es. Y especialmente un idioma tan hermoso y enrevesado como el alemán. Me pregunto cuándo llegará a casa Saint John.
—Ya no creo que tarde: acaban de dar las diez —dijo Mary, echando una ojeada al pequeño reloj de oro que le colgaba del cinto—. Está lloviendo mucho. Hannah, ¿te importa mirar cómo está el fuego del salón?