Jane Eyre
Jane Eyre —Yo no la aborrezco, señorita. Creo que la aprecio más que a cualquiera de los otros.
—Pues no lo demuestra.
—¡Niña respondona! Hablas de otra forma esta tarde. ¿Qué te ha vuelto tan dura y atrevida?
—Pronto estaré lejos de ti, y además…
Estuve a punto de explicarle lo que habÃa sucedido con la señora Reed, pero, después de pensarlo unos instantes, decidà mantener en silencio ese episodio.
—Asà que está contenta de perderme de vista…
—En absoluto, Bessie. En este momento, lo lamento bastante.
—¡En este momento! ¡Y solo bastante! ¡Con qué tranquilidad lo dice! Seguro que si le pido un beso, prefiere no dármelo.
—Claro que te lo daré. Baja la cabeza.
Bessie se inclinó y ambas nos abrazamos. La seguà hasta la casa sintiéndome mucho mejor. La tarde pasó en paz y armonÃa, y por la noche Bessie me explicó los cuentos más bellos que sabÃa y me cantó las canciones más dulces. Incluso para mÃ, la vida tenÃa sus rayos de sol.