Jane Eyre
Jane Eyre —Jane, debes estar sorprendida ante tanto misterio, y pensarás que somos personas duras de corazón al no lamentar la muerte de un pariente tan cercano como es un tÃo. La verdad es que no le conocemos, ni le hemos visto nunca. Era el hermano de mamá. Mi padre y él discutieron hace mucho: fue debido a sus consejos por lo que mi padre arriesgó la mayor parte de sus propiedades en el negocio que acabó arruinándole. Se cruzaron recriminaciones, se separaron airados y nunca se reconciliaron. Después, mi tÃo se embarcó en negocios más prósperos y logró amasar una fortuna de veinte mil libras. Nunca se casó, ni tiene otros descendientes aparte de nosotros y otro pariente. Mi padre siempre abrigó la esperanza de que algún dÃa repararÃa su error legándonos sus posesiones. Esta carta nos informa de que ha dejado hasta el último penique a ese otro pariente, con la excepción de treinta guineas que deben dividirse entre Saint John, Diana y Mary Rivers para que compren tres coronas de duelo. Estaba en su derecho a hacer lo que quisiera, por supuesto, pero no puedo negar que la noticia ha supuesto una desilusión. Mary y yo nos habrÃamos considerado ricas solo con un legado de mil libras, una cifra que para Saint John habrÃa significado la posibilidad de hacer muchas obras de caridad.