Jane Eyre
Jane Eyre ¿Era alegría, serenidad o felicidad lo que había sentido ese primer día en mi humilde escuela? Me engañaría a mí misma si contestara a esta pregunta con un sí. No, la verdad es que me he sentido muy desgraciada. Sí, soy una imbécil, lo reconozco, pero me sentí degradada. Percibí que había dado un paso que me hundía en la escala social en lugar de elevarme. Me llenaba de desazón verme rodeada de tanta ignorancia, de tanta pobreza, de tanta brusquedad. Pero no voy a despreciarme demasiado por estas ideas: sé que están equivocadas, y eso es ya un gran avance, así que pienso luchar para superarlas. Confío en que mañana seré capaz de hallar algo bueno y así, en unos meses, habré conseguido dominarlas. Es posible que en ese tiempo los progresos de mis alumnas y los cambios en su conducta logren sustituir el disgusto por satisfacción.