Jane Eyre
Jane Eyre Detuve la corriente de pensamientos vespertinos, me levanté, fui hacia la puerta y contemplé la puesta de sol en un día de cosecha y los campos que se extendían silenciosos ante mi casa, que estaba a menos de un kilómetro del pueblo. Los pájaros entonaban sus últimos trinos:
El aire era tibio; el rocío olía a perfume.[28]