Jane Eyre
Jane Eyre ¿Y qué pensaba Saint John Rivers de este ángel terrenal? Me hice esta pregunta cuando le vi volverse hacia ella y mirarla, y como es lógico busqué la respuesta en el semblante del caballero. Sus ojos se posaron en un matojo humilde de margaritas que crecÃa junto a la valla.
—Hace un tiempo espléndido, pero tal vez sea demasiado tarde para que usted vaya sola —comentó él mientras aplastaba las flores con el pie.
—Oh, fui a S… —mencionó el nombre de una gran ciudad situada a unos treinta kilómetros de distancia— a pasar la tarde. Cuando volvà a casa, papá me contó que usted habÃa abierto la escuela y que la nueva maestra estaba aquÃ. Asà que, después del té, me puse el sombrero y recorrà el valle para verla. ¿Es ella? —dijo, señalándome.
—En efecto —respondió Saint John.
—¿Cree que Morton resultará de su agrado? —Su tono sencillo, directo y algo ingenuo era el que usarÃa una niña que se esfuerza por agradar.
—Espero que sÃ. Tengo muchas razones para creerlo.
—¿Encontró a sus alumnas tan atentas como esperaba?
—Bastante, sÃ.
—¿Y la casa, le gusta?
—Mucho.