Jane Eyre
Jane Eyre De nuevo se produjo otra pausa. El reloj sonó, dio ocho campanadas. Esto le sacó de su ensimismamiento: descruzó las piernas, se irguió en la silla y se volvió hacia mí.
—Deje ese libro durante un rato y acérquese al fuego.
Mi perplejidad alcanzaba ya límites infinitos, pero le obedecí.
—Hace media hora —prosiguió—, me manifesté ansioso por escuchar el final de una historia; al reflexionar sobre ello, creo que será mejor que asuma el papel del narrador y que usted se limite a escuchar. Antes de empezar, opino que es justo advertirla de que el relato le sonará algo trillado, pero algunos detalles de sobra sabidos ganan frescura al ser expresados por unos labios nuevos. Además, ya sea o no un cuento original, le prometo que será breve.