Jane Eyre
Jane Eyre —Creo que sÃ. Sé que siempre he querido a mis dos hermanas y sé en qué se basa el cariño que les profeso: respeto sus cualidades y admiro sus talentos. También tú posees unos sólidos principios y una mente despierta: tus gustos y hábitos son parecidos a los de Diana y Mary, tu presencia me ha resultado siempre agradable. Ya he vivido ratos placenteros conversando contigo. Siento que me queda espacio en el corazón para acogerte como a una tercera hermana, la más joven.
—Gracias. Eso es suficiente para esta noche. Ahora es mejor que te vayas. Si te quedas, es probable que vuelvas a irritarme sacando a colación alguna muestra de desconfianza.
—¿Y qué sucede con el colegio, señorita Eyre? Supongo que tendremos que cerrarlo.
—No. Seguiré en mi puesto hasta que encuentren una substituta.
Sonrió en señal de aprobación. Nos dimos la mano y se marchó.