Jane Eyre
Jane Eyre —¿Mi hermano? ¡SÃ, a miles de kilómetros! ¿Mis hermanas? SÃ, viviendo como esclavas entre extraños. Y yo, rica, rebosante de un oro que nada hice por merecer, mientras vosotros seguÃs sumidos en la pobreza. ¡Un gran sentimiento fraternal! ¡Una unión muy Ãntima, sÃ! ¡Unos lazos indestructibles!
—Pero, Jane, tus aspiraciones en relación a la familia pueden cumplirse de otra forma. PodrÃas casarte.
—¡No digas tonterÃas! ¡Casarme! No quiero casarme y nunca lo haré.
—Eso es demasiado: este tipo de arriesgadas afirmaciones son la prueba de que actúas guiada por los efectos de una emoción incontrolable.
—No es demasiado: sé cuáles son mis sentimientos y el arraigo que tiene en mà la aversión al matrimonio. Nadie se casarÃa conmigo por amor, y no estoy dispuesta a aceptar a alguien que me quiera por dinero. Además, no quiero cerca a ningún extraño ajeno a mÃ, ni a ningún forastero. Es a mis familiares a quienes deseo tener al lado, a aquellos con quienes siento afinidad y comparten mis ideas. Repite que serás mi hermano: al oÃr estas palabras me sentà llena y satisfecha. Dilo de nuevo, si es que puedes hacerlo con sinceridad.