Jane Eyre
Jane Eyre Saint John esbozó una débil sonrisa, pero seguÃa sin estar satisfecho.
—Esos planes están muy bien de momento —dijo él—, no obstante, y hablando en serio, creo que una vez agotado este primer arranque de laboriosidad, las tareas del hogar y las alegrÃas domésticas te sabrán a poco.
—¡Si son lo mejor del mundo! —interrumpÃ.
—No, Jane, no: este mundo no es un escenario de diversiones. No intentes convertirlo en eso, ni tampoco en un lugar de reposo. No te vuelvas perezosa, Jane.
—Al contrario, ya te he dicho que pienso estar ocupada.
—Jane, te disculpo por el momento: te concedo dos meses de gracia para que disfrutes al máximo de tu nueva posición y del cariño de tus recién encontrados parientes. Pero después espero que mires más allá de Morton y de Moor House, de la amistad de mis hermanas y de esa calma egoÃsta y comodona que aporta la riqueza. Espero que entonces el gusanillo de la energÃa vuelva a removerse en tu espÃritu.
—Saint John —repliqué mirándole sorprendida—, creo que te estás comportando de forma malvada al hablarme asÃ. Estoy decidida a ser feliz como una reina, y en cambio tú haces todos lo posible por incomodarme. ¿Con qué fin?