Jane Eyre
Jane Eyre —Con el fin de que no desperdicies los talentos que Dios te ha concedido y de los que algún dÃa tendrás que rendirle cuentas. Te aviso: pienso vigilarte de cerca y con suma atención, y haré todo lo posible para que controles ese desproporcionado fervor que tiende a sumergirte en el mar de los placeres vulgares. No te vuelques tan alegremente hacia los lazos de la carne; reserva esa constancia y ese vigor para una causa adecuada, no la malgastes en objetos triviales y pasajeros. ¿Me oyes, Jane?
—SÃ, pero es como si escuchara hablar en griego. Creo que tengo suficientes razones para ser feliz, y pienso serlo. ¡Adiós!