Jane Eyre
Jane Eyre —¿Y dónde está la persona que me habla? ¿Es solo una voz? Oh, no puedo ver, pero sà sentir. Y debo hacerlo, o el corazón se me parará y el cerebro estallará en mil pedazos. ¡Seas quien seas, seas lo que seas, acércate para que pueda tocarte o moriré aquà mismo!
Avanzó hacia mÃ. Yo le cogà la mano que temblaba en el aire y la apreté entre las mÃas.
—¡Son sus dedos! —gritó—. ¡Esos dedos ligeros y pequeños! Por lo tanto, ella tiene que estar aquÃ…
La mano fuerte escapó de mi custodia y recorrió mis hombros, me acarició el cuello y rodeó mi cintura, estrechándome contra su cuerpo en un abrazo.
—¿Eres tú, Jane? ¿Eres tú? ¡Es tu cuerpo, tu silueta…!
—Y también es suya esta voz —añad×. Ella está aquÃ, en cuerpo y alma. ¡Que Dios le bendiga, señor! ¡Estoy tan contenta de tenerle cerca otra vez!
—¡Jane Eyre! ¡Jane Eyre! —no cesaba de repetir.
—Querido señor, soy Jane Eyre, sÃ. Le he encontrado, he vuelto…
—¿De verdad eres tú? ¿En carne y hueso? ¿Mi adorada Jane?