Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

»Hace unos días, mejor dicho, puedo darte su número exacto, cuatro, porque fue el lunes por la noche, me invadió un extraño estado de ánimo: la angustia ocupó el lugar del frenesí y la tristeza substituyó a la rabia. Tu desaparición absoluta me había llevado a pensar que habías muerto. Esa noche, muy tarde, entre las once y las doce, supliqué a Dios que se apiadara de mí y me llevara consigo al otro mundo, donde podría al menos albergar la esperanza de reunirme de nuevo con mi amada Jane.

»Estaba en mi habitación, sentado junto a la ventana abierta. La suave brisa de la noche me calmaba y, aunque ya no puedo contemplar las estrellas, vislumbraba un destello difuso y luminoso que reconocí como la luna. ¡Te echaba de menos, Jane! ¡Te añoraba con todo mi cuerpo y toda mi alma! Y le pregunté a Dios, en un tono de profunda humildad, si no había sufrido ya bastante desolación, bastante tormento, bastante aflicción; si no había llegado ya la hora de probar la paz y el sosiego. Sabía que merecía todo lo que había recibido, pero apelé a su misericordia: Dios sabe que ya estaba al límite de lo que podía soportar. Entonces, de mi corazón surgió el primero y el último de mis deseos, y, sin querer, tu nombre se escapó de mis labios y grité: “¡Jane! ¡Jane! ¡Jane!”.

—¿Dijo estas palabras en voz alta?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker