Jane Eyre
Jane Eyre »No puedo explicarte los pensamientos e imágenes que estas palabras produjeron en mi mente. Como ves, Ferndean es un lugar aislado, enterrado en un bosque tan frondoso que sofoca cualquier sonido. En cambio esa voz preguntándome “¿Dónde estás?” cruzó las montañas, y el eco me devolvió la pregunta. En ese momento un viento más frío me acarició la frente: tuve la impresión de que Jane y yo estábamos juntos en un paraje agreste y solitario. Creo que nuestros espíritus se encontraron. Supongo que a esas horas tú estarías dormida: quizá tu alma salió de su celda para consolar a la mía, porque, tan seguro como que yo estoy aquí ahora, era tu voz la que oí. ¡Eras tú!
Lector, fue el mismo lunes a medianoche cuando también yo oí esa llamada misteriosa, y fueron exactamente estas palabras las que pronuncié como respuesta. Escuché el relato del señor Rochester con atención, pero no añadí nada. La coincidencia me pareció demasiado sorprendente e inexplicable como para hablar de ella. Cualquier cosa que yo dijera causaría una profunda impresión a una mente que, tendente ya a la oscuridad debido a los padecimientos sufridos, lo último que necesitaba era oír hablar de intervenciones sobrenaturales. Por lo tanto, guardé estas ideas en el fondo de mi corazón.