Jane Eyre
Jane Eyre —Haces demasiadas preguntas. Ya te he dado suficientes respuestas por el momento. Ahora quiero leer.
Pero en ese momento nos llamaron a comer y todas regresamos a la casa. El olor que llenaba el refectorio no resultaba mucho más apetitoso que el que habÃa invadido nuestro olfato a la hora del desayuno. La comida llegó servida en un par de recipientes de latón esparciendo por el comedor un penetrante olor a grasa rancia. ConsistÃa en una indigesta masa de patatas cocidas, con acompañamiento de porciones de carne mohosa. Esta vez la ración fue más abundante y yo tragué cuanto pude, mientras me preguntaba si todos los dÃas iban a ser iguales.
Después de comer, reanudamos las lecciones, que se prolongaron hasta las cinco.