Shirley
Shirley —¿Y qué peligros debo temer, Caroline, cuando haya anochecido? En mi caso, ¿qué peligro crees que acompaña a la oscuridad?
—No estoy segura de poder definir mis miedos, pero todos sentimos ahora cierta ansiedad por nuestros amigos. Mi tÃo dice que corren tiempos peligrosos. También dice que los propietarios de las fábricas son impopulares.
—¿Y que yo soy uno de los más impopulares? ¿No es un hecho? Eres reacia a decirlo con claridad, pero en el fondo crees que estoy expuesto a sufrir el mismo destino que Pearson, al que dispararon, por cierto, no desde detrás de un seto, sino en su propia casa a través de la ventana de la escalera, cuando subÃa a acostarse.
—Anne Pearson me enseñó la bala en la puerta de la habitación —comentó Caroline con seriedad, doblando su capa y dejándola sobre una mesita junto con su manguito—. ¿Sabes? —continuó—, hay un seto a lo largo de toda la carretera desde aquà hasta Whinbury, y hay que pasar por las plantaciones de Fieldhead, pero a las seis ya habrás vuelto… ¿o antes?
—Desde luego que sà —afirmó Hortense—. Y ahora, niña, prepara las lecciones para decÃrmelas luego, mientras yo pongo en remojo los guisantes para el puré de la comida.