Shirley
Shirley —Supongo que no soy un hombre cariñoso, Caroline; el afecto de unos pocos me basta.
—Por favor, Robert, ¿querrÃas arreglarme un par de plumas antes de marcharte?
—Primero déjame que te haga una pauta en el libro, porque siempre te las apañas para hacer las lÃneas torcidas… Ahà está… Y ahora las plumas; te gustan muy finas, ¿no?
—Como las sueles arreglar para Hortense y para mÃ, no con esas puntas tan gruesas que haces para ti.
—Si tuviera la profesión de Louis, podrÃa quedarme en casa y dedicarte la mañana a ti y a tus estudios; en cambio, he de pasarla en el almacén de lana de Sykes.
—Estarás ganando dinero.
—Más bien perdiéndolo.
Cuando terminaba de arreglar las plumas, le llevaron un caballo ensillado y con las bridas puestas hasta la verja del jardÃn.
—Ahà está Fred, listo para mÃ; debo irme. Primero echaré también un vistazo para ver qué ha hecho la primavera en el lÃmite sur.