Shirley
Shirley —He dejado la salita hace un momento buscando un poco de tranquilidad.
HabÃa tanta timidez y abatimiento en la actitud y en el tono con que dijo esa frase, que cualquiera habrÃa podido advertir que sus perspectivas habÃan experimentado un triste cambio y que la facultad de un alegre dominio de sà misma la habÃa abandonado. Seguramente, el señor Moore recordó que antes acostumbraba a recibirlo con gentil vehemencia y confianza esperanzada; debe de haber visto ahora qué resultado ha dado la contención de la mañana. TenÃa ahora la oportunidad de poner en práctica su nuevo sistema con efecto, si decidÃa mejorarlo. Quizá le resultaba más fácil practicar ese sistema a plena luz del dÃa, en el patio de su fábrica, en medio de las ajetreadas ocupaciones de su negocio, que en una tranquila estancia, libre de compromisos y al anochecer. Fanny encendió las bujÃas que antes estaban apagadas sobre la mesa, trajo los útiles de escritura y abandonó la habitación; Caroline estaba a punto de seguirla. Para actuar con coherencia, Moore deberÃa haberla dejado marchar, pero se quedó en el umbral y, extendiendo la mano hacia ella, suavemente la retuvo; no le pidió que se quedara, pero no la dejaba marchar.
—¿Le digo a mi tÃo que estás aquÃ? —preguntó ella, aún con la misma voz apagada.
—No, puedo decirte a ti todo lo que tenÃa que decirle a él. ¿Serás mi mensajera?