Shirley
Shirley —Bueno, hablaré con un par de amigos y creo que puedo prometer que tendrás cinco libras en un dÃa o dos. Como préstamo, cuidado, no como regalo: tendrás que devolverlo.
—Lo entiendo, señor; estoy totalmente de acuerdo.
—Mientras tanto, aquà tienes unos cuantos chelines para ti, Grace, sólo para tener algo que llevar al puchero mientras llegan los clientes. Ahora, niños, poneos en fila y recitad el catecismo, mientras vuestra madre va a comprar algo de comer, porque estoy seguro de que no habéis comido gran cosa hoy. Empieza tú, Ben. ¿Cómo te llamas?
El señor Hall se quedó hasta que volvió Grace; luego se apresuró a despedirse, estrechando la mano a Farren y a su mujer; ya en la puerta, les dijo unas breves palabras de consuelo y exhortación religiosa con gran seriedad. Se separaron diciéndose: «¡Dios le bendiga, señor!», y un «Dios os bendiga, amigos mÃos».