Shirley
Shirley Cuando estaba así postrada, la asaltaban las tentaciones: débiles sugerencias susurradas a su oído cansado de que escribiera a Robert y le dijera que era desgraciada porque le habían prohibido verle a él y a Hortense, y que temía que él le retirara su amistad (no su amor) y la olvidara por completo, y para que le rogara que la recordara y le escribiera alguna vez. Llegó a redactar una o dos cartas, pero no las envió: se lo impidieron la vergüenza y el sentido común.