Shirley

Shirley

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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La señorita Helstone se encontraba en esa situación. Sus sufrimientos eran su único acicate y, siendo muy reales y agudos, agitaron su espíritu profundamente. Empeñada en vencer un dolor mortal, hizo cuanto estuvo en su mano por calmarlo. Jamás se la había visto tan ajetreada, tan estudiosa y, por encima de todo, tan activa. Daba paseos hiciera buen o mal tiempo; paseos largos en direcciones solitarias. Día tras día volvía por la tarde, pálida y con aspecto cansado, pero sin haberse fatigado al parecer pues, en lugar de descansar, en cuanto se quitaba chal y sombrero, empezaba a pasear de un lado a otro de su habitación: algunas veces no se sentaba hasta hallarse literalmente desfallecida. Decía hacerlo para caer rendida, para así poder dormir profundamente por la noche. Pero si ése era su propósito, no lo conseguía, pues por la noche, cuando los demás dormían, ella daba vueltas sobre la almohada, o se sentaba a los pies de la cama en la oscuridad, olvidando claramente la necesidad de procurarse reposo. A menudo, ¡infortunada muchacha!, lloraba; lloraba con una especie de desesperación insoportable que, cuando se adueñaba de ella, aplastaba su fortaleza y la reducía a un desamparo infantil.





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