Shirley
Shirley —Mi tÃo saldrá a hacer su ronda habitual de vigilancia, y siempre pasa por la iglesia y el cementerio.
—¿Y qué? Aparte de Fanny, ¿quién sabe que estamos aquÃ? Me divertirÃa escabullirme y esquivarlo. PodrÃamos estar bajo la ventana del lado este cuando él vaya al pórtico; cuando diera la vuelta hacia el lado norte, podrÃamos volver hacia el lado sur. De ser necesario, podrÃamos escondernos detrás de alguno de los monumentos funerarios: ese tan alto de los Wynne nos ocultarÃa completamente.
—¡Robert, qué buen humor tienes! ¡Vete, vete! —añadió Caroline apresuradamente—. Oigo la puerta principal…
—No quiero irme; al contrario, quiero quedarme.
—Sabes que mi tÃo se encolerizarÃa: me prohibió verte porque eres un jacobino.
—¡Extraño jacobino!
—Vete, Robert, viene hacia aquÃ; le oigo toser.
—Diable! Es extraño… ¡qué pertinaz deseo de quedarme siento!
—Recuerda a Fanny y lo que le hizo a su… —empezó Caroline, pero se interrumpió bruscamente. Enamorado era la palabra que deberÃa haber seguido, pero no pudo pronunciarla; parecÃa calculada para sugerir ideas que ella no tenÃa intención de sugerir; ideas ilusorias y perturbadoras. Moore tuvo menos escrúpulos.