Shirley
Shirley —SÃ, he venido a tomar el té, y eso haré antes de marcharme. De modo que me tomaré la libertad de quitarme el sombrero sin ser invitada.
Asà lo hizo; luego se detuvo en la alfombra con las manos a la espalda.
—Menuda expresión tienes —prosiguió, sin dejar de mirar a Caroline con sus ojos penetrantes, aunque sin hostilidad, sino más bien compasivamente—. Maravillosamente independiente pareces, cierva herida que busca la soledad. ¿Temes que Shirley te incordie si descubre que estás herida y que sangras?
—Jamás temo a Shirley.
—Pero algunas veces no te gusta; a menudo la evitas. Shirley sabe cuándo la desaÃran y la rehúyen. Si anoche no hubieras vuelto a casa en compañÃa de quien lo hiciste, hoy serÃas una muchacha diferente. ¿A qué hora llegasteis a la rectorÃa?
—A las diez.
—¡Umm! Tardasteis tres cuartos de hora en recorrer kilómetro y medio. ¿Fuiste tú o fue Moore el que se demoró tanto?
—Shirley, estás diciendo tonterÃas.