Shirley
Shirley Una campana llamó a los maestros y patrones a la escuela; la señorita Keeldar, la señorita Helstone y muchas otras señoras se encontraban ya en el aula. Se había instado a muchas de las criadas de la comarca, además de las esposas de sacristanes, cantantes y músicos, a que hicieran de camareras para la fiesta; todas rivalizaban entre sí en elegancia y pulcritud, y se vieron muchas figuras bonitas entre las más jóvenes. Una decena de ellas, aproximadamente, cortaron el pan y la mantequilla; otra decena se ocupaba del agua caliente, que traían de las calderas de la cocina del rector. La profusión de flores y siemprevivas que decoraban las blancas paredes, la exhibición de teteras de plata y porcelana de vivos colores sobre las mesas, las figuras activas, los rostros radiantes, los vestidos alegres que iban y venían, formaban un espectáculo realmente agradable y vistoso. Todos hablaban, sin alzar la voz, pero con tono alegre, y los canarios lanzaban sus agudos trinos en las jaulas colgadas de lo alto.