Shirley
Shirley —Cosa que no tiene derecho a ser conmigo, sobre todo porque fue él quien comenzó depositando su confianza en mÃ. No habiendo hecho nada que la desmerezca, no deberÃa serme retirada. Pero supongo que no cree que mi espÃritu sea lo bastante férreo para confiar en él en una situación crÃtica.
—Seguramente teme causarte intranquilidad.
—Una precaución innecesaria: estoy hecha de material elástico, que no se arruga tan fácilmente; deberÃa saberlo. Pero es orgulloso; tiene sus defectos, digas lo que digas, Lina. Observa qué absorto parece ese grupo: no saben que los estamos observando.
—Si seguimos atentas, Shirley, tal vez hallemos la clave de su secreto.
—A partir de ahora se producirán ciertos movimientos insólitos, mañana quizá, posiblemente esta noche. Pero tendré los ojos y los oÃdos bien abiertos; señor Moore, estará usted bajo vigilancia. Abre bien los ojos tú también, Lina.
—Lo haré. Robert se va; le veo darse la vuelta. Creo que nos ha visto; se estrechan la mano.
—Se estrechan la mano con insistencia —añadió Shirley—, como si ratificaran una solemne alianza de disidentes.
Ambas vieron que Robert abandonaba el grupo, cruzaba una verja y desaparecÃa.