Shirley
Shirley —Y no se ha despedido de nosotras —musitó Caroline.
Apenas acababa de pronunciar estas palabras cuando, con una sonrisa, intentaba ya negar la confesión de decepción que parecían implicar. Por un momento, un rubor espontáneo suavizó y animó a la vez sus ojos.
—¡Oh, eso tiene fácil remedio! —exclamó Shirley—. Le obligaremos a hacerlo.
—¡Obligarle! Eso no es lo mismo —fue la respuesta.
—Será lo mismo.
—Pero se ha ido, no podrás alcanzarlo.
—Conozco un camino más corto que el que ha tomado él; lo interceptaremos.
—Pero, Shirley, yo preferiría no ir.