Shirley
Shirley —¿Quién hablaba cuando ha salido usted, William? —preguntó Shirley.
—Un caballero al que usted aprecia mucho, señorita Shirley… el señor Donne.
—Parece muy enterado, William. ¿Cómo sabe la estima que le tengo al señor Donne?
—SÃ, señorita Shirley, en sus ojos hay a veces un brillo penetrante que la traiciona. Algunas veces es usted muy desdeñosa cuando el señor Donne está cerca.
—¿Ya usted, William, le gusta?
—¿A mÃ? Estoy harto de los coadjutores, igual que mi mujer. No tienen modales; a los pobres les hablan como si creyeran que son inferiores a ellos. Exageran la importancia de su cargo; es una pena porque su cargo podrÃa dársela, pero no es asÃ. Detesto el orgullo.
—Pero usted también es orgulloso a su modo —intervino Caroline—. Está orgulloso de su casa; le gusta que todo lo que le rodea sea bonito. Algunas veces parece casi demasiado orgulloso para aceptar su salario. Cuando estaba desempleado era demasiado orgulloso para comprar a crédito; de no haber sido por sus hijos, creo que antes se habrÃa muerto de hambre que ir a una tienda sin dinero y, cuando yo quise darle algo, ¡qué difÃcil resultó conseguir que lo aceptara!