Shirley
Shirley —Menos. Lo sé, y ellos lo saben; y más de un muchacho honrado se ha desesperado por la certeza de que, haga lo que haga, no puede mejorar, y hay montones de hombres que no son honrados dispuestos a guiarlos hacia el demonio: canallas que dicen ser «amigos del pueblo», pero que no saben nada del pueblo y son tan falsos como Lucifer. He vivido más de cuarenta años, y creo que «el pueblo» no tendrá jamás ningún amigo sincero más que él mismo, y las dos o tres buenas gentes de diferente posición social que son amigas de todo el mundo. La naturaleza humana, mirada en conjunto, no es más que egoÃsmo. Se da poquÃsimas veces, no es más que una excepción de vez en cuando, que personas como ustedes y yo, que pertenecemos a esferas diferentes, podamos entendernos y ser amigos sin servilismo por un lado ni orgullo por el otro. Los que afirman ser amigos de una clase social más baja que la suya por motivos polÃticos no son de fiar: siempre intentan convertir a sus inferiores en herramientas. Por mi parte, no pienso dejarme guiar por ningún hombre ni permitirle que sea condescendiente conmigo. Últimamente me han hecho ofrecimientos que he visto que eran engañosos, y se los he echado a la cara a los que me los ofrecÃan.
—¿No nos dirá qué ofrecimientos son ésos?
—No; no harÃa ningún bien, no servirÃa para nada; los afectados saben cuidarse.