Shirley
Shirley —¡Y el señor Helstone hizo que yo me quedara en la rectorÃa! ¡Ustedes los caballeros se creen muy listos! Los invito sinceramente a que reciban esta idea, y espero que disfruten de su sabor mientras la rumian. Agudos y astutos, ¿por qué no son también omniscentes? ¿Cómo es que ocurren cosas ante sus mismas narices de las que nada sospechan? Asà debe de ser, de lo contrario no existirÃa la exquisita gratificación de superarlos en estrategia. ¡Ah!, amigo, puede buscar la respuesta en mi rostro, pero no la encontrará.
Ciertamente Moore no parecÃa capaz de encontrarla.
—Me considera un peligroso ejemplar de mi sexo, ¿no es cierto?
—Peculiar, cuando menos.
—Pero Caroline ¿es peculiar?
—A su modo… sÃ.
—¡Su modo! ¿Cuál es su modo?
—Usted la conoce tan bien como yo.
—Y, conociéndola, afirmo que no es excéntrica ni difÃcil de manejar, ¿no?
—Eso depende…
—Sin embargo, no hay nada masculino en ella.
—¿Por qué pone tanto énfasis al decir ella? ¿La considera opuesta a usted en ese aspecto?