Shirley
Shirley Seguramente, la señorita Keeldar habría emprendido con Caroline aquel viaje por el norte que habían planeado, antes de que acabara el mes de julio, pero justamente en aquella época Fieldhead sufrió una invasión: un distinguido grupo de saqueadores asedió a Shirley en su castillo y la obligó a rendirse sin condiciones. Un tío, una tía y dos primas del sur, un tal señor Sympson, con una señora Sympson y dos señoritas Sympson, de Sympson Grove, cayeron sobre ella con toda su majestad. Las leyes de la hospitalidad la obligaron a ceder, y lo hizo con una facilidad que sorprendió un tanto a Caroline, que la conocía y sabía que no paraba en mientes cuando debía actuar y que era fértil en recursos si estaba en juego el triunfo de su voluntad. La señorita Helstone llegó incluso a preguntarle a qué se debía que se sometiera de tan buena gana. Shirley le respondió que los viejos sentimientos ejercían su influencia: siendo más joven, había vivido dos años en Sympson Grove.
¿Le gustaban sus parientes?
No tenía nada en común con ellos, respondió. Lo cierto era que el pequeño Harry Sympson, el único hijo varón, era muy diferente de sus hermanas, y por él había sentido un gran afecto, pero Harry no había acompañado al resto de la familia hasta Yorkshire, al menos de momento.