Shirley
Shirley —Pregúntaselo a ella, cuando tengas ocasión —fue la serena respuesta que recibió de su hermano. Si éste habÃa palidecido, o se habÃa ruborizado, Caroline no se paró a comprobarlo: descubrió que era tarde y que debÃa irse a casa. Y a casa se fue: ni siquiera Robert pudo detenerla esta vez.