Shirley
Shirley Pareció, sin embargo, que no era más que un fuego pequeño: tras dos dÃas ardiendo y dos noches intranquilas, los sÃntomas no se manifestaron con violencia, y ni su tÃo, ni Fanny, ni el médico, ni la señorita Keeldar cuando fue a visitarla, temieron por ella; todos creyeron que se restablecerÃa en unos cuantos dÃas.
Esos dÃas pasaron y, aunque aún se creÃa que no podÃa retrasarse ya, la mejorÃa no se vislumbraba. La señora Pryor, que la habÃa estado visitando a diario y se hallaba una mañana en el dormitorio de Caroline, después de dos semanas de enfermedad, la examinó atentamente durante unos minutos, le cogió la mano y le tomó el pulso, luego abandonó la habitación silenciosamente para dirigirse al estudio del señor Helstone. Con él estuvo encerrada un buen rato: la mitad de la mañana. Cuando regresó junto a su joven amiga enferma, se despojó de chal y sombrero, se colocó a cierta distancia de la cama, mano sobre mano, y se balanceó suavemente hacia atrás y hacia adelante en una actitud y con un movimiento que era habitual en ella. Por fin dijo:
—He enviado a Fanny a Fieldhead a buscar unas cuantas cosas mÃas, las que pueda necesitar para una corta estancia aquÃ; deseo quedarme con usted hasta que se encuentre mejor. Su tÃo ha tenido la amabilidad de permitir que le preste mis cuidados. ¿Lo acepta usted, Caroline?