Shirley
Shirley La falta de benevolencia general le hacÃa muy impaciente con la imbecilidad y con todos los defectos capaces de crispar su naturaleza fuerte y perspicaz; no reprimÃa su sarcasmo cáustico. Como carecÃa de compasión, algunas veces herÃa y volvÃa a herir sin darse cuenta del daño que hacÃa, ni le importaba hasta qué punto fuera profunda la herida.
En cuanto a la carencia de idealismo en su espÃritu, difÃcilmente puede llamarse a eso defecto; si un buen oÃdo para la música, un buen ojo para el color y la forma le proporcionaban la cualidad del buen gusto, ¿a quién le importa la imaginación? ¿Quién no cree que es un atributo bastante peligroso y absurdo, afÃn a la debilidad y quizá en cierta medida a la locura, más una enfermedad que un don del espÃritu?
Seguramente todos piensan asÃ, menos los que lo poseen, o creen poseerlo. Oyéndolos hablar, dirÃase que se les helarÃa el corazón si no fluyera ese elixir a través de él, que sus ojos se volverÃan borrosos si esa llama no refinara su visión, que se sentirÃan solos si ese extraño compañero los abandonara. DirÃase que confiere una alegre esperanza a la primavera, un bello encanto al verano, una dicha serena al otoño y un consuelo al invierno, que uno no siente. Una ilusión, por supuesto, pero los fanáticos se aferran a su sueño, y no lo soltarÃan ni por todo el oro del mundo.