Villette
Villette Monsieur Emanuel llevaba la ropa con la que probablemente pensaba viajar: un surtout[422] con ribetes de terciopelo; tuve la impresión de que estaba preparado para partir al instante, y, sin embargo, tenía entendido que aún faltaba dos días para que su barco zarpase. Tenía buen aspecto, parecía feliz. Su rostro reflejaba amabilidad, benevolencia: entró impetuoso; un segundo después se encontraba a mi lado, todo cordialidad. Es posible que la alegría que le inspiraba su noviazgo iluminara de ese modo su cara. Fuera cual fuera la causa, no podía recibir con nubes sus rayos de sol. Si aquéllos eran mis últimos momentos con él, no los desperdiciaría mostrando una frialdad forzada y poco natural. Yo le quería, le quería demasiado para no expulsar de mi camino incluso a los celos, si éstos hubieran impedido un cariñoso adiós. Una palabra afectuosa de sus labios y una mirada amable de sus ojos sería como un bálsamo para mí el resto de mi vida; me prodigaría consuelo cuando estuviera sola, al borde de la desesperación; la aceptaría… probaría el elixir, y mi orgullo no derramaría la copa.