Villette
Villette Apenas me acuerdo de la ruta que seguimos. Dimos un largo paseo, pero se me hizo muy corto; el camino era agradable, el dÃa muy hermoso. Monsieur Emanuel me habló de su viaje: se proponÃa estar tres años fuera. Al regresar de Guadalupe, se verÃa libre de responsabilidades y podrÃa hacer lo que quisiera; y ¿a qué pensaba dedicarme yo durante su ausencia?, inquirió. Me recordó que en una ocasión le habÃa hablado de mi intención de ser independiente y abrir un pequeño colegio: ¿habÃa abandonado aquella idea?
Por supuesto que no: estaba ahorrando cuanto podÃa para poner en práctica mi plan.
No le agradaba dejarme en la rue Fossette; temÃa que le echara demasiado de menos, que me sintiera abandonada, que me pusiera triste…
Todo eso era cierto; pero le prometà hacer cuanto estuviera en mis manos para soportarlo.
—Aún existe otra objeción a su actual residencia —señaló en voz baja—. DesearÃa escribirle de vez en cuando: me gustarÃa estar seguro de que le llegan las cartas; y en la rue Fossette, en pocas palabras, nuestra disciplina católica en ciertos asuntos, aunque justificable y conveniente, en determinadas circunstancias puede ser mal aplicada… e incurrir tal vez en el abuso.