Villette
Villette No pude evitar decir estas palabras; parecieron escapar de mis labios: no recuerdo un solo momento de mi vida en que no me atormentara el miedo a mi falta de belleza exterior; ese temor me acosó con especial intensidad en aquel instante.
Su expresión reflejó una gran dulzura; sus ojos color violeta brillaron bajo sus largas pestañas españolas.
—Será mejor que continuemos —dijo, empezando a andar.
—¿Le resulto muy desagradable? —me atrevà a preguntar: era un asunto de vital importancia para mÃ.
Él se detuvo, y me dio una respuesta breve y enérgica, una respuesta que invitaba al silencio, subyugaba y, sin embargo, me complació sobremanera. Desde ese momento, supe lo que yo significaba para él; y dejó de importarme lo que pensara el resto del mundo. ¿Era una muestra de debilidad preocuparme tanto por lo que pudieran opinar sobre mi apariencia? Me temo que podÃa serlo… me temo que lo era; pero en este caso debo reconocer que lo fue en gran medida. Confieso que tengo mucho miedo de no gustar… y un fuerte deseo de gustar moderadamente a monsieur Paul.