Villette
Villette Ciertas circunstancias de nuestra vida siempre serán difÃciles de recordar. Ciertos momentos, ciertas dificultades, ciertos sentimientos, alegrÃas, penas y sorpresas, al ser revividos, parecen golpearnos y desconcertarnos, borrosos como una rueda que gira a gran velocidad.
Soy tan incapaz de acordarme de las palabras y los pensamientos de los diez minutos que siguieron a aquella revelación como de volver sobre las vivencias de mis primeros años de vida: y, sin embargo, lo primero que acude a mi memoria con claridad es la conciencia de que estaba hablando muy rápido, y repetÃa una y otra vez:
—¿Todo esto es obra suya, monsieur Paul? ¿Estamos en su casa? ¿La ha amueblado usted? ¿Encargó que hicieran esos prospectos? ¿Se refiere a mÃ? ¿Acaso soy la directora? ¿Existe otra Lucy Snowe? Hábleme: dÃgame algo.
Pero él seguÃa callado. Su silencio jubiloso, su mirada risueña, su actitud, es algo que todavÃa puedo ver con claridad.
—¿Por qué lo ha hecho? Tengo que saberlo todo… todo —exclamé.
El montón de papeles cayó al suelo. Monsieur Paul habÃa extendido su mano, y yo me habÃa apresurado a cogerla, olvidando todo lo demás.