Villette
Villette —¡MuchÃsimo dinero! —se apresuró a responder—. Después de tantos años dedicado a la enseñanza, dispongo de una bonita suma: con una parte, decidà darme el mayor gusto de toda mi vida. QuerÃa esto. Últimamente, he pensado dÃa y noche en este instante. No querÃa acercarme a usted para no anticiparme. La discreción no es mi virtud ni mi vicio. Si yo hubiera estado a su alcance, y usted hubiese empezado a preguntar con sus ojos y sus labios: ¿de dónde viene, monsieur Paul? ¿Qué ha estado haciendo? ¿Cuál es su misterio? Mi primer y último secreto solitario se habrÃa desvelado en su regazo. Ahora —prosiguió—, usted vivirá aquà y tendrá un colegio; estará muy ocupada mientras yo esté ausente; algunas veces pensará en mÃ; se cuidará mucho e intentará ser feliz; y, cuando vuelva…
Al llegar aquÃ, se detuvo.
Le prometà hacer lo que él quisiera. Le prometà trabajar duramente y con entusiasmo.
—Seré su fiel administradora —dije—; confÃo en que, cuando regrese, el balance será satisfactorio. ¡Monsieur, monsieur, es usted demasiado bueno!