Villette
Villette Y, mientras yo la relataba, en lugar de detenerme, él me animaba a proseguir; me alentaba con un gesto, una sonrisa, media palabra. Antes de que llegara a la mitad, me cogió las manos y consultó mis ojos con una mirada sumamente penetrante: había algo en su rostro que ni me tranquilizaba ni me empujaba a callar; y él olvidó su propia doctrina, renunció a su método de represión cuando yo más le desafiaba a practicarlo. Creo que yo merecía una fuerte reprimenda; pero ¿cuándo recibimos nuestro merecido? Era digna de severidad, él me ofreció indulgencia. Me parecía imperiosa e irrazonable a mí misma, pues prohibía a Justine Marie mi puerta y mi techo; él sonreía, traicionando su placer. Apasionada, celosa y altiva, no descubrí hasta entonces esos rasgos de mi naturaleza; él me acercó a su corazón. Estaba llena de defectos; y él los aceptó. Para el momento de mayor agitación reservaba el profundo hechizo de la paz. Estas palabras acariciaron mis oídos:
—Lucy, acepte mi amor. Comparta mi vida algún día. Sea para mí la más querida, la primera en la tierra.