Villette
Villette Sin embargo, ¿dónde podÃa ir? TenÃa que dirigirme a alguna parte. La necesidad no le permite a uno ser exigente. Cuando pagué a la camarera sus honorarios (y pareció sorprendida de que alguien como yo le diera una propina que superaba lo que seguramente esperaban sus burdos cálculos), le dije:
—¿TendrÃa usted la amabilidad de indicarme una posada tranquila y respetable donde pasar la noche?
No sólo me dio la dirección que pedÃa, sino que llamó a un mozo y le ordenó que se hiciera cargo de mÃ… no de mi baúl, que estaba en la aduana.