Villette
Villette —Il n’y a que les anglaises pour ces sortes d’entreprises —exclamó—. Sont-elles donc intrépides ces femmes là [23]!
Luego me preguntó el nombre y la edad; se sentó y me miró, sin lástima ni interés: ni un destello de simpatÃa, ni una sombra de compasión cruzaron por su rostro durante la entrevista. Tuve la impresión de que no era una persona que se dejara arrastrar en lo más mÃnimo por sus sentimientos. Me contemplaba con aire grave y considerado, confiando en su propio criterio y analizando mi historia. Sonó una campanilla.
—Voilà pour la prière du soir[24]! —exclamó, y se puso en pie.
A través de la intérprete, me pidió que me fuera y regresara a la mañana siguiente; pero aquello no me convenÃa: no soportaba la idea de regresar a los peligros de la oscuridad y de la calle. En tono enérgico, pero con serenidad y dominio de mà misma, le dije directamente a ella, prescindiendo de la maîtresse:
—Le aseguro, madame, que, si acepta mis servicios ahora mismo, sus intereses saldrán beneficiados; descubrirá que soy una persona deseosa de prestar un servicio plenamente equiparable a su salario. Y, si piensa contratarme, serÃa mejor que me quedara aquà esta noche; dado que no conozco Villette ni hablo la lengua del paÃs, ¿cómo voy a conseguir alojamiento?